We love diálogos

Nos encanta hablar, pero no hablar por hablar. O tal vez sí, pero con un propósito. A veces queremos que nuestra conversación deje de llamar tu atención para que te fijes en las imágenes, para que dejes que te envuelvan. Otras veces una frase genial vendrá subrayada por unas imágenes que, aunque no te des cuenta, apelan directamente a tu subconsciente y refuerzan un tema, que puede ser la opresión, la lucha por la libertad, la vida, la muerte, lo cotidiano… cualquier cosa que se te ocurra.

-¿Qué quieres decir?

-Pues exactamente eso, lo que estoy diciendo.

-Es que no te comprendo muy bien. ¿Estás hablando de los diálogos de cine?

-De eso mismo.

-Bueno, pues dime uno. Dime uno bueno, uno que te guste.

-Es que ahora no me acuerdo.

-¿Cómo? ¿De ninguno?

-No se me ocurre ningún diálogo. Puede que alguna frase… Are you talking to me?

-Ah, jaja, claro, la de Taxi Driver. Pero no es exactamente un diálogo.

-Es que los diálogos son difíciles de recordar. Es más sencillo con los monólogos porque, en cuanto empiezan a hablar dos o más personas, la atención se dispersa y además existe una sensación de que aquello está fluyendo de manera natural y en lugar de recordar frases exactas recuerdas el tema, el tono, el significado de todo aquello. O eso o es que no tengo memoria para los diálogos.

-También puede ser.

-Sí.

-Serás más de imágenes.

-Eso.

-Memoria visual.

-Claro.

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