We Love La tienda de la esquina de Lubitsch

La tienda de la esquina  (“The Shop Around the Corner“) o El bazar de las sorpresas, como se conoce en su traducción al español, es una historia absolutamente romántica y absolutamente anti-romántica. Las dos cosas a la vez. Y simultáneamente. Sí, es posible si se trata de una película Lubitsch.

Lubitsch con el actor Frank Morgan (Mr. Matuschek)

El actor Frank Morgan (Mr. Matuschek) con Lubitsch en un fotograma del trailer

Tan precisa como un reloj suizo pero sin aburrimiento, el guión de Samson Raphaelson, Miklós László y Ben Hecht es perfecto (lo que sucede, cómo sucede y con qué diálogos) como lo son la dirección y los actores. Todo pasa en una pequeña tienda. Allí tiene lugar la historia de amor (y desamor) de los protagonistas, pero también tenemos ocasión de ver la crisis económica y sus efectos en la vida cotidiana a través de las historias de todos los trabajadores del comercio de Mr. Matuschek (Frank Morgan): desde el convincente jefe de ventas Alfred Kralik (James Stewart) a Pepi, el espabilado chico de los recados, pasando por el empleado buenazo que lleva allí toda la vida Pirovitch (Felix Bressart) y la nueva chica de ventas Klara Novak (Margaret Sullavan), a quien le gusta discutir tanto como a Kralik.

The shop arround the corner

Alfred Kralik (Stewart) y Klara Novak (Sullavan) ignorándose a primera hora de la mañana

El bazar de las sorpresas es el retrato de un tiempo y de una sensibilidad. Es una historia de amor de verdad, en la que un hombre y una mujer se enamoran hablando desde su interior, de sus lecturas, de sus ideas e ideales, su esencia, de todo lo que se escriben por carta sin haberse visto jamás en persona, o eso creen. Porque a esta relación abierta, sensible y epistolar se une su antipática relación en el plano físico y social: compañeros de trabajo en la tienda, se conocen solo superficialmente y se ven el uno al otro a través de sus prejuicios, por lo que no se soportan. Desconocen su verdad, interpretan un papel. Tal vez se gustan, pero donde realmente aprenden a amarse es en sus conversaciones por carta. Lubitsch y su equipo aprovechan el equívoco para hacernos reír y también sufrir por el destino de esos enamorados que no se soportan y que desconocen su verdadera relación de intimidad. (Sí, la versión ‘moderna’ de esta película fue “Tienes un e-mail”. Largo suspiro).

Tienes un email

Tom Hanks y Meg Ryan en “You’ve Got Mail” (1998), versión muy muy muy descafeinada de este clásico

Rodada en Estados Unidos en plena Segunda Guerra Mundial, durante el cruel avance de Hitler por Europa, esta pequeña historia habla, creo yo, de aquello que el nazismo trataba de destruir: la capacidad de amar de las personas, su posibilidad de encontrar la verdad y la felicidad en su vida, independientemente de las ideas preconcebidas, de los prejuicios, de la distancia y del miedo a lo distinto. Esta película destila respeto por los seres humanos, por todos ellos, incluso por los arribistas, los potentados, los cornudos o los aprovechados. Respeto por la vida y fe en ella, sin dejar de mostrar su parte de miserias, de tristezas, de tropiezos y de torpezas. Lo que la hace creíble, en fin.

El Bazar de las sorpresas navidad

Mirad la cara de ilusión de la chica… ¡si es que no hace falta ni diálogo!

Diría que es una película sabia, porque nos enseña a mirar a los demás más allá de su rol: más allá de “el empleado”, “el chico de los recados”, “el engreído” o “la altiva”, busca lo que hay en común entre todos y consigue mostrarlo al espectador. Es por ello que es romántica y anti-romántica a la vez: es romántica porque en su argumento hay una historia de amor. Es anti-romántica porque no habla de un amor egoísta entre dos personas que se encuentran y excluyen al resto enfrascados en su ensimismamiento, sino del amor como actitud, del amor al mundo y a los seres que lo habitan, en todas sus formas de amor real, basado en el conocimiento no superficial de los demás (incluso despierta el amor del espectador por los personajes de la historia, también por los secundarios). Todo eso sin caer en cursilerías, lo que es muy de agradecer. ¡Gracias, gracias, gracias, Mr. Lubitsch!

El bazar de las sorpresas escena

En los años cuarenta ya se llevaban las taquillas para cambiarse y guardar el bolso.

Esta historia está protagonizada por una de las parejas más carismáticas de la historia del cine: Margaret Sullavan y James Stewart, desde mi punto de vista, claro. Ambos empezaron muy jóvenes en el teatro, eran muy amigos y su amor y admiración mutuo traspasaba la pantalla. Y ocurre que el guión y la dirección eran también extraordinarios, con lo cual… ¿Qué podíais esperar? ¿Una película encantadora, fantástica, inolvidable? Pues eso. ¿Bazar? ¿Sorpresas? Bueno. En el título original es solo la tienda de la esquina. Es decir, trata sobre unas personas cualquieras, podríamos ser nosotros. No es necesario buscar una aventura exótica; el universo más interesante está, si nos fijamos bien, a la vuelta de la esquina.

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2 Respuestas a “We Love La tienda de la esquina de Lubitsch

  1. Si Lubitsch es maravilloso, ésta es una de sus mejores expresiones. Ingeniosa, divertida, sutil, irónica, encantadora… Muy bueno lo de romántica y anti romántica. Ciertamente es las dos cosas.

  2. Una película maravillosa que siempre apetece recordar! 😉 Gracias por tu comentario

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