We Love las persecuciones de cine

En busca del arca perdida (1981), Steven Spielberg

En busca del arca perdida (1981), Steven Spielberg

Soy una persecución de cine. Soy el momento más trepidante de una película. Eso si estoy bien hecha. Si no es así, puedo ser el momento más largo y soporífero, como sucede en La isla, esa historia futurista de clones con Scarlett Johansson y Ewan McGregor que empieza a perder interés en cuanto empieza la huída. Una lástima.

Pero prefiero recordar la adrenalina, mi capacidad de mantener al espectador casi levantado sobre la butaca, esa música trepidante, unos giros imprevistos, la velocidad, mi magnífico montaje.

The Bourne identity: El caso Bourne (2002)

The Bourne identity: El caso Bourne (2002)

Las persecuciones somos una forma de narrar puramente cinematográfica: sin el movimiento no somos nada.

San Francisco

Bullit (1968), Peter Yates

Y el movimiento puede producirse andando, en coche, en patinete, en avioneta, en bicicleta… cualquier medio de transporte es válido, pero se valorará la originalidad de la ruta y, por supuesto, la participación de diferentes medios de locomoción en la misma.

Vive y deja morir (1973), Guy Hamilton

Vive y deja morir (1973), Guy Hamilton

Nada más emocionante que Ahmed, un niño de ocho años, corriendo con todas sus fuerzas por el campo y por las estrechas calles de Poshteh tras a un hombre montado en un burro, su única pista hasta la casa de su amigo.

Ahmad sigue al burro del carpintero

¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), Abbas Kiarostami

También puede ser interesante ver a un superagente secreto forzado a huir en un Mini por las calles de París, llegando a bajar en coche por unas escaleras, sin inmutarse, como sólo puede hacerlo Bourne.

Las caídas al agua y otros tropiezos también se valoran, aunque se han visto ya tantas que alguna que otra vuelta hay que darles para que no suenen a refrito. Algo que supo hacer muy bien Bogdanovich en ¿Qué me pasa, doctor?, todo un homenaje al humor slapstick del cine mudo:

James Bond, Indiana Jones, Terminator o Luke Skywalker han demostrado no temer al peligro. ¿Cómo? Con escenas de acción que ponen de punta los pelos del espectador sin perder la calma ni la sonrisa.

La guerra de las galaxias (1977), George Lucas

La guerra de las galaxias (1977), George Lucas

Algo muy importante en este tipo de escenas: el ritmo y la coherencia. La persecución debe ser entretenida, adrenalínica, corta, entendible (no tan rápida que no sepamos lo que está pasando), espectacular, increíble y con toques de humor que den salida a la tensión. De todos modos, como las normas están para romperlas, también podríamos encontrarnos con una persecución que sea lenta, aburrida, larga e incomprensible y, aún así, resultar genial. ¿Por qué no?

Vértigo (1958), Alfred Hitchcock

Vértigo (1958), Alfred Hitchcock

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