We love el ambientador de cine

Ambientador de cine we love

Este we love cine no va de imágenes ni de sonidos. Va de olores. Y no de esos experimentos que trataron de añadir otros sentidos a la experiencia cinematográfica de un modo fallido. No, no. Hablo de aquello imperceptible que se cuela por las narices y que, de algún modo, accede a las zonas más profundas de nuestro cerebro, quedando ligado a una experiencia, a una época, a una sensación pasada.

Cual Proust de estar por casa, trataré de recuperar ese tiempo perdido en el que yo empezaba a estar loca por el cine, fuera el que fuera.

Era inconfundible. Pasaba por una calle, sentía ese fuerte aroma a ambientador y, a la vuelta de la esquina ahí estaba: el cine. Las salas de cine en los años ochenta y hasta incluso en los noventa olían todas a ambientador y todas al mismo (o eso me parecía). No era un olor agradable en sí pero, para mí, se trataba de una sensación que iba ligada a la casi siempre gratificante experiencia de ver una película en el cine. Era fuerte y emanaba de los locales cruzando el bar, llegando hasta la calle y un par de puertas más allá.

Pensándolo ahora, me doy cuenta de que ese aroma era tal vez una señal de mala ventilación, de una atmósfera cargada, una mezcla de hedores corporales que se quedan impregnados en una sala grande llena de gente después de dos horas encerrados, a oscuras, mirando la proyección. Junto a eso, el espray que trataba de disimular ese tufo.

El ambientador en cuestión tal vez fuera el “Ambientador Ozonopino”. Al menos, así se anuncia en esta página de productos retro: el mítico ambientador de los cines de España. Y ésta era la graciosa propaganda del producto:

“Ozonopino Ruy-Ram, mezclado con agua en pulverizaciones lanzadas a la atmósfera o en vapores de agua caliente, hace desaparecer el humo, polvo y malos olores, purificándola y dejando un ambiente sano con un delicioso perfume de bosques.- Aclamado por las eminencias médicas como único desinfectante y desodorante durante la epidemia gripal de los años 1913, 18, 19 y 27“.

No sé si este era el ambientador que se seguía usando en los 80… ¿Olían los cines a bosques?, ¿era imposible pillar ahí la gripe? Tendría que oler un Ozonopino Ruy-Ram para comprobarlo.

Ahora han mejorado los sistemas de ventilación y los ambientadores de los cines, caso de tenerlos, pasan desapercibidos al olfato. El caso es que cuando voy a una sala no encuentro ya ese olor, sino el de las palomitas.

Sin embargo, qué no daría yo ahora por sentir una vez más ese rancio aroma cinematográfico, por notar esa fuerte esencia, esa densa atmósfera que tal vez para algunos era desagradable pero que para mí era tan solo el inconfundible olor a cine. Si tuviera una sala de cine (y quién no querría una) haría sesiones especiales vintage en las que no faltaría el Ozonopino Ruy-Ram.

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